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¿Tienes un proyecto gráfico entre manos y no sabes qué tipo de imagen se adapta mejor a tus necesidades? Establecer el tipo de formato más adecuado es una de nuestras primeras tareas a la hora de planificar nuestro trabajo. Será el tipo de impresión, su tamaño, el soporte, o su finalidad, la que determine la prioridad en las cualidades que precisarán nuestras imágenes o ilustraciones al momento de imprimirlas. En función de las mismas, estableceremos los formatos de impresion más adecuados para nuestras imágenes.
Si no lo tienes claro, sigue nuestros consejos parar preparar tus imágenes aprendiendo a distinguir cuál es el formato más adecuado a tu proyecto.
Antes de elegir el formato más adecuado para tu proyecto, precisas conocer qué cualidades pueden poseer, y que además, son las que los diferencian.
La calidad de imagen viene a referenciar el nivel de detalle y realismo representados, y que viene determinado por una serie de características como:
Debemos prestar especial atención a la fuente de letra seleccionada. En ocasiones nos dejamos llevar por caracteres llaman nuestra atención por resultarnos diferentes y originales, y sin embargo, resultan inadecuadas para la impresión.
Una tipografía para añadir a formatos de impresion de imágenes debe respetar lo siguiente:
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El tamaño de imagen puede expresarse en diferentes unidades de medidas, píxeles, pulgadas, puntos, centímetros… y su utilización variará según el formato. Generalmente, los píxeles se utilizan para gestión de imágenes digitales, mientras que para su destino en impresión, utilizamos los centímetros, de forma que podamos calcular el tamaño exacto que coincida con su soporte en papel. Sin perjuicio de tener en cuenta además, los píxeles o puntos por pulgada contenidos, para no dejar la calidad al azar.
Otro detalle a tener en cuenta es el modo de color. Mientras que las pantallas, monitores, o visores digitales se suele utilizar el formato RGB, compuesto por la mezcla de colores rojo, verde y azul, los pigmentos utilizados en material de impresión son el cian, magenta, amarillo y negro, es decir, el modo CMYK.
Las diferentes modos de color, ocasionan que en muchas ocasiones, las tonalidades se vean de forma diferente de la pantalla al papel.
Si queremos ver cómo quedará nuestra impresión de la forma más realista posible antes de imprimirla, existen programas que realizan la conversión a CMYK, para verlo digitalmente, como por ejemplo, Photoshop.
Ya conoces las características a las que debes prestar atención durante la creación de proyectos con imágenes. Ahora es el momento de conocer los diferentes formatos de impresion de imágenes y qué te ofrece cada uno.
Es el formato más extendido, y por tanto, el más conocido. También es el que mejor se adapta a la mayoría de soportes digitales, por lo que cuenta con una alta compatibilidad para abrirlo desde cualquier programa o equipo. Todas estas cualidades, unidas a su bajo peso, lo convierten en el más popular, y por tanto, el más utilizado por todos. Sin embargo, no por este motivo es necesariamente el más adecuado para imprimir. Sobre todo cuando tratamos con imágenes de gran tamaño, donde precisamos conseguir una buena calidad.
En el formato JPEG, la reducción de peso va directamente relacionada con la calidad. Podríamos conseguir buena calidad, pero ello supondría un aumento de peso considerable, y por consiguiente, hace muy lenta la carga en cualquier visor de imágenes.
La imagen JPEG resulta recomendable para imágenes de tamaño estándar como fotografías medianas o incluso tamaño A4 siempre se respete su tamaño original, pues si la aumentásemos directamente durante la impresión, se perdería definición.
Tampoco es la más recomendable como archivo editable, siendo aconsejable hacer las mínimas modificaciones posibles, ya que con cada cambio va perdiendo calidad.

El PNG fue desarrollado como una alternativa al GIF, puesto que también soporta transparencias. Sin embargo, a diferencia de éste, soporta colores de 8 bits y 24 bits. Esto implica una mayor calidad sin pérdidas de color, lo que lo hace también un formato compatible con la impresión.
Al no presentar pérdida de bitmaps en su algoritmo, consigue mayor profundidad y contraste en los colores. Aunque por otro lado, esto último hace también que su peso sea mayor que el JPEG cuando tratamos con imágenes iguales y del mismo tamaño.
Sin embargo, a pesar de no ser precisamente el más utilizado para impresión, existen casos en los que resulta un recurso conveniente. Por ejemplo, cuando tenemos que imprimir una imagen sin fondo, o lo que es lo mismo, en la que el fondo sería el color del papel, o, fondo blanco en su equivalente con el JPEG. En este caso, debemos tener en cuenta que el fondo del PNG está vacío, es decir, no suma píxeles. Sin embargo, en el caso del JPEG, todo el fondo, aunque sobre el soporte papel no suponga un consumo de tinta, en el soporte digital sí que conlleva un consumo de bits. Siendo por tanto toda esa superficie, un añadido de peso. Al contrario, que para el PNG, que supone una liberación del mismo.
No resulta recomendable para su utilización digital, por ejemplo, en navegadores, por ser un formato con datos de gran tamaño, y por tanto, de peso, que ralentiza la navegación, pero para impresión de imágenes es uno de los favoritos. El motivo de su éxito entre diseñadores se debe a su capacidad de compresión y descompresión sin pérdidas de calidad. Gracias a esta cualidad, es posible reducir o ampliar el archivo sin afectar de forma negativa a la calidad del archivo impreso.
Las propiedades del TIFF lo convierten en uno de los mejores archivos para imprimir tanto imágenes y gráficos de alta resolución, como cartelería y otros soportes de gran tamaño.
El PDF es otro de los formatos más utilizados para imprimir. De forma general se utiliza para la impresión de documentos, no obstante, también es capaz de imprimir imágenes con calidad. Su peculiaridad reside en la facultad de conservar todos los atributos del archivo original, como fuentes, imágenes, etc. Y sin embargo, no resulta un archivo pesado, ya que su compresión actúa de modo que la impresión sólo seleccionará la información necesaria, eliminando el resto. De este modo, es posible evitar errores en el proceso.
Otra de las ventajas de poseer la capacidad de conservación de los elementos originales, es poder enviar archivos editables como PSD, con todas sus capas pero con mucho menos peso, tan sólo con convertirlo en un PDF. Una opción que lo convierte en una solución perfecta cuando deseamos enviar un archivo con todos sus elementos a copistería, por si requieren hacer ajustes de última hora, pero sin tener que recurrir a servicios de correo de archivos pesados que tardan siglos en enviarse, y aún más, en descargarse.