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¿No te ha ocurrido alguna vez que tras imprimir una imagen, los colores no se parecían a los que estabas viendo en la pantalla de tu ordenador? ¿Conoces los modos de color CMYK y RGB pero no sabes cuál es la diferencia?
No hace falta ser un profesional para que te gusten las artes gráficas. Seguramente que alguna vez has intentado hacer un collage de fotografías, imprimir algún póster, o incluso incorporar imágenes a algún trabajo de oficina.
Sea cual fuere tu intención, agradecerás conocer la diferencia entre estos dos modos de color.
Los modos de color son representaciones del espectro de color visible, en un intento de acercarse a lo que percibe el ojo humano. En estas representaciones, la escala de color varía, y asimismo, en cada una de ellas, podemos encontrar colores que no tienen por qué estar en las demás.
Este espectro visible, dependerá de aspectos como el tono, la saturación, la luminosidad o la cantidad de gris, y darán lugar a los diferentes modos de color, donde podemos encontrar el hexadecimal, la escala de grises, 1 Bit o LAB. No obstante, existen dos tipos que por su aparente similitud, precisan la explicación de su diferenciación para lograr distinguirlos. Esos son, el CMYK y el RGB.

El código de color RGB, es un modelo basado en la adición de los colores básicos primarios, Red (rojo), Green (verde) y Blue (azul). Esta suma se realiza a través de la síntesis aditiva de espectros de luz, lo que lo convierte en un formato usado sólo en soporte digital.
No es que no sea posible imprimir una imagen en modo RGB, sino que los colores que aparecerán en el resultado final impreso, no se corresponderán fielmente a la imagen que nuestros ojos visualizan en pantalla. Por ese motivo, para proyectos destinados a la impresión, se recomienda trabajar en el formato CMYK.
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El acrónimo CMYK hace referencia a Cyan (cian), Magenta (magenta), Yellow (amarillo) y Black o Key (negro), que son los colores primarios a partir de los que se forma. Al contrario del modelo RGB, éste obtiene los colores a través de la sustracción lumínica, es decir, del blanco. De tal modo, que de la combinación de los cuatros colores, también conocidos como cuatricromía, y su diferente brillo, obtenemos el color del espectro visible.
Como ya hemos mencionado, el modo CMYK es el formato indicado para trabajar con proyectos que posteriormente deseamos imprimir. Esto es así, porque además de ser el mismo sistema utilizado por los equipos de impresión donde sus cartuchos contenidos, integran depósitos de tinta compuestos de esta cuatricromía, la aparición del negro logrará dar mayor detalle y profundidad a la imagen impresa. Asimismo, lograremos visualizar previamente en pantalla de forma más realista el resultado final de los colores de nuestra impresión.

La respuesta dependerá del uso que le vayas a dar. Tras la explicación anterior puede parecer que usar CMYK es la mejor elección. Sin embargo, este formato posee una visualización de colores mucho más restringida, y si sabemos de antemano que no vamos a imprimir… ¿Por qué privar nuestro proyecto de la riqueza de millones de colores que puede aportarle el RGB? Por ejemplo, para la creación del diseño y los elementos visuales de una página web, el RGB es el utilizado.
Si en última instancia cambiamos de idea, siempre podemos recurrir a programas profesionales como Photoshop, o Illustrator, de Adobe, para convertir nuestras imágenes o ilustraciones del formato RGB al CMYK, y de esa forma, adaptarlo al modo de impresión.
Convertir una imagen o ilustración del modo RGB al modo CMYK es lo más fácil del mundo. Tan sólo precisa tres sencillos pasos: